viernes, 28 de abril de 2017

Lágrimas bajo la cama.

Durante estas semanas estamos tratando en clase la emoción de la tristeza. Ya os hablaremos sobre lo que estuvimos haciendo porque en esta entrada me quiero centrar en el cuento que leímos estos días sobre esta emoción:
"Lágrimas bajo la cama" de Ana Meilán: Simón es un niño al que todos le dicen que es un llorón, cansado de que esto suceda, un día decide guardar sus lágrimas y las de todas las personas en botes debajo de la cama para que nadie más vuelva a llorar... pero esto al final se convierte en un problema y es que las lágrimas son necesarias. ¿Qué pasaría si el mundo se quedara sin lágrimas?


Después de leer el cuento estuvimos hablando sobre lo que pasaba en él, qué le pasaba a Simón... que había muchos tipos de lágrimas, y es que se puede llorar de alegría o de tristeza. Con el cuento nos queda clara la idea de que llorar no es malo, que si necesitamos llorar podemos hacerlo sin ningún tipo de vergüenza, desterrando ideas como que "los hombres no lloran", ya que las emociones son de todos y todas. 

A continuación los niños y niñas me fueron diciendo el motivo por el que habían llorado alguna vez y cada uno/a lo escribió en una hoja con forma de lágrima y después lo fueron pegando en un bote. Las lágrimas y el bote los sacamos del gran blog de Ángela, de Rincón de una maestra. Pero no es un bote cerrado, las lágrimas de este bote se pueden sacar y se pueden volver a meter otras lágrimas. Para ello les dejé unas cuantas lágrimas en el rincón de la paz por si en algún momento querían meter otra lágrima dentro. 



Otro día volvimos a leer el cuento, cada vez nos quedan más claras algunas ideas como que llorar es muy necesario a veces, que nos ayuda a sacar nuestros problemas de dentro y que, si la gente no pudiese llorar, los bebés no podrían comunicarse y nunca nadie sabría cuándo tienen hambre o les pica un pie.

Después de leer el cuento les propuse una actividad: puse dos bandejas en una mesa, una con agua (nos teníamos que imaginar que eran las lágrimas de la gente) y en la otra un bote, como los que tiene Simón debajo de su cama. Teníamos que traspasar las lágrimas desde la bandeja a un bote, para ello nos ayudamos de 2 esponjas: primero las empapábamos bien en la bandeja con agua y a continuación la apretábamos para que el agua cayera dentro del bote, igual que hacía Simón con el pañuelo con el que iba secando las lágrimas de las personas:




Después echamos el agua por la ventana para que las lágrimas volvieran a las personas.

Un cuento precioso que desde aquí recomendamos a todo el mundo.

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